El viernes por la noche, mientras cargábamos el furgón, ya pudimos adivinar el día lluvioso que nos esperaba el sábado. No obstante, a eso de las nueve y media del día siguiente, cogimos el camino y hacia Azuaga. El «Teatro-Cine Capitol» está lleno de recovecos, pasillos y escaleras, y un gran patio de butacas. Nada más pisar el escenario, «huele» a farándula, a nervios entre cortinas y a prisas de cambios de vestuario.
Una vez más, representamos nuestro «Esparranco» y volvimos a ser esos otros a los que damos voz, aunque no existan en realidad… ¿o, tal vez, sí?

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