Salimos un poco después de las siete de la mañana, recorrimos 446 kilómetros y nos pusimos a descargar el furgón. ¡Estábamos en Benavente! Un sueño hecho realidad.
La organización del certamen, el trato, y el equipo humano que nos recibió y acompañó durante toda la jornada han sido inmejorables. El Gran Teatro Reina Sofía (antiguo Monasterio de Santo Domingo), con sus palcos románticos, sus máscaras griegas, sus hornacinas y guirnaldas, suponía el espacio perfecto y un gran reto para nosotros. La noche fue un delicioso cóctel de magia, inspiración y disfrute. Entre nosotros y el público se creó ese hilo invisible que, a veces, surge en el teatro.
Mil gracias a los organizadores y colaboradores, y a todos aquellos que decidieron acudir al teatro anoche para ver nuestro «Esparranco». Sin vosotros, el teatro amateur moriría.
Compañeros de Acebuche-Teatro, es un placer compartir estos momentos de tensión y nervios, de satisfacción y risas, de «desayunos continentales» y bocadillos bajo la lluvia, entre bambalinas, habitaciones dobles y triples, y horas de autovía.

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