Ayer estuvimos en Malpartida de Cáceres, representando «Esparranco» una vez más. Fue un día memorable desde el principio hasta el final, ya que no nos privamos de nada: buen ritmo de montaje, deliciosa comida, siesta y hula-hoop, una puerta de vestuario que no se abría en plena actuación, el salto mortal que realizó uno de nuestros técnicos para rescatar el dimmer que, cuesta abajo por una rampa, se precipitaba hacia una puerta de cristal, cenas a la luz de la luna, bocadillos de mortadela y mandarinas, alternador averiado y grúa en plena autovía alrededor de las tres de la madrugada… y teatro, mucho teatro.
Gracias a las personas que allí nos recibieron y al público, que decidió pasar la noche con nosotros.
«Cómicos. Duermen vestidos, viven desnudos, beben la vida a tragos. Son adorados, son calumniados, como dioses de barro.»

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